[COLUMNA] Promesas de campaña: un debate sobre el crecimiento

Por Félix Ordóñez e Ignacio Silva, investigadores OPES.

Publicada en El Mostrador

Las candidaturas de la derecha, que auguran tiempos mejores con medidas como reducción del Estado, disminuciones tributarias o recortes a programas sociales, han logrado instalar la idea de que con solo una victoria en estas elecciones presidenciales se revitalizará la inversión y volverá el crecimiento, sin embargo, no señalan que el crecimiento para un próximo período presidencial depende en mayor medida del contexto internacional y, a su vez, no abordan los elementos estructurales que hoy determinan el crecimiento de largo plazo.

El momento eleccionario, y en especial las propuestas económicas, han estado marcados por el tempo del crecimiento económico. Los candidatos proyectan tasas de crecimiento tendencial para el año 2018 y su posible mandato, e incorporan medidas para recuperar la senda de crecimiento. En momentos donde el mensaje debe ser comunicacionalmente claro y políticamente efectivo, el crecimiento económico se transforma en un caballito de batallapara hacer campaña o anticampaña.

Sin embargo, para una discusión seria sobre crecimiento se requiere diagnosticar y analizar aspectos de la economía nacional que van más allá de lo que se pueda observar en cuatro u ocho años de un futuro Gobierno. La (sub)utilización de la capacidad productiva, el estancamiento o revitalización de la productividad, el rol y tamaño del Estado, la estructura productiva, la concentración económica, la diversificación y sofisticación de las exportaciones, entre varios otros temas, son variables relevantes. Hasta el momento, algunos candidatos que han criticado el desempeño económico de los últimos años omiten en su diagnóstico la gran mayoría de estos factores, y auguran tiempos mejores con medidas como reducción del Estado, disminuciones tributarias o recortes a programas sociales.

Estas candidaturas han logrado instalar la idea que con solo una victoria en estas elecciones presidenciales se revitalizará la inversión y volverá el crecimiento, sin embargo, no señalan que el crecimiento para un próximo período presidencial depende en mayor medida del contexto internacional y, a su vez, no abordan los elementos estructurales que hoy determinan el crecimiento de largo plazo.

De esta manera, resulta fundamental comprender cuáles son los factores que están determinando el desempeño económico, caracterizado por tasas de crecimiento que distan a las vistas en los años 90. La teoría económica explica que los países pobres que logran alcanzar sendas de desarrollo tienden a crecer a tasas más altas que los países ricos, razón por la cual convergen en el largo plazo al producto de los países de ingresos altos.

De esta manera, para entender la senda de crecimiento de largo plazo, resulta importante observar cómo ha evolucionado el crecimiento de nuestro país en perspectiva con el producto de los países de ingresos altos. ¿Cómo ha sido el proceso de convergencia de nuestro país en los últimos años?, ¿Estamos realmente acercándonos a los países desarrollados?

En los siguientes dos gráficos se observa el comportamiento del crecimiento económico y PIB per cápita de Chile, algunos países regionales, el promedio de América Latina, junto a varios países de ingresos altos y el promedio OCDE. Al ver los promedios de crecimiento para determinados períodos de tiempo, es claro que a medida que el PIB es mayor, las tasas de crecimiento promedio son menores. Sin embargo, para el caso de Chile existe un punto que resulta ser interesante.

Gráfico 1. Crecimiento promedio PIB per cápita 1990-2003 y PIB per cápita 1990

Fuente: Elaboración propia utilizando la base World Development Indicatorsdel Banco Mundial.
Nota: ALC: América Latina y el Caribe; ARG: Argentina; AUS: Australia; BRA: Brasil; CHL: Chile; CHN: China; COL: Colombia; DEU: Alemania; FIN: Finlandia; KOR: Corea del Sur;  OCDE: Promedio países pertenecientes a la OCDE; NZL: Nueva Zelanda; PER: Perú; URY: Uruguay.

Durante el periodo 1990-2003 Chile promedió un crecimiento del PIB per cápita de 4%, lo que representa un crecimiento promedio mayor a la tendencia y a otros países de América Latina (ver gráfico 1). Por otro lado, para el periodo 2004-2016 el crecimiento estuvo en 3%, lo que si bien sigue la tendencia de menor crecimiento a medida que el país crece, se encuentra por debajo de lo esperado para su nivel de ingresos (ver gráfico 2). A fin de cuentas, sería posible pensar que Chile se encuentra en un proceso de convergencia hacia los países de altos ingresos, sin embargo, ha reducido la velocidad con la cual se acercaba.

Gráfico 2. Crecimiento promedio PIB per cápita 2004-2016 y PIB per cápita 2016

Fuente: Elaboración propia utilizando la base World Development Indicatorsdel Banco Mundial.
Nota: ALC: América Latina y el Caribe; ARG: Argentina; AUS: Australia; BRA: Brasil; CHL: Chile; CHN: China; COL: Colombia; DEU: Alemania; FIN: Finlandia; KOR: Corea del Sur; OCDE: Promedio países pertenecientes a la OCDE; NZL: Nueva Zelanda; PER: Perú; URY: Uruguay. 

En términos absolutos se observa que Chile ha duplicado su PIB per cápita, superando los 20.000 dólares desde 1990 al 2016. En este período Chile aumentó su ingreso per cápita cerca de 14.000 dólares, mientras que Australia, Alemania y Estados Unidos lo hicieron entre 13.000-16.000 dólares (la OCDE lo hizo en 12.000 dólares). Por otro lado, un caso particular de crecimiento corresponde a Corea, donde el PIB per cápita aumentó en 23.000 dólares. Este escenario muestra que, pese a las mayores tasas de crecimiento que ostenta nuestro país, no ha conseguido reducir la distancia absoluta con países de altos ingresos, e inclusive en algunos casos la distancia ha aumentado.

El análisis de la productividad y la utilización de la capacidad productiva pueden dar luces de la disminución en la velocidad de crecimiento, y asociados a esto, entender los factores estructurales que determinan estas variables para comprender el crecimiento económico de largo plazo. Dada la actual estructura económica, el crecimiento de corto plazo se encuentra determinado en mayor medida por la coyuntura internacional (especialmente por el precio del cobre), donde el espacio de acción Estatal es muy reducido, y en menor medida por políticas que busquen fomentar el aumento de la productividad.

Por esta razón, una propuesta económica que prometa crecimiento para un próximo período presidencial y sobre todo para un período de largo plazo sin tocar la estructura productiva difícilmente nos permita converger hacia países de altos ingresos. Al menos estas propuestas deben hablar de sofisticación de matriz productiva y exportadora; generación de clúster y exportación de servicios de alto valor; consolidación del Estado en su rol articulador, promotor y productor -su rol en la explotación del litio puede ser fundamental-; fortalecimiento de la fuerza de trabajo y mejorías en productividad, entre otros. En caso contrario, es sin duda una promesa que se encuentra a la suerte del mercado internacional, del precio del cobre e inversionistas privados, y aunque pueda encontrar un buen panorama para presentar mejores tasas de crecimiento para los próximos años, en ningún caso serán sostenibles.

La mayor parte de estos cambios son determinados por la aplicación de una política de Estado sobre estructura productiva y crecimiento de largo plazo. En un contexto de elecciones presidenciales, es importante que esta dimensión sea incluida en la decisión que tome cada ciudadano. Hay un set variado de candidatos que apuntan en la dirección correcta, mientras que otros han preferido la demagogia electoral, muy común en estos procesos.